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miércoles, 18 de mayo de 2011

Alicia Jurado: su concepto de la música popular actual y la juventud.-

Alicia Jurado: su concepto de la música popular actual y la juventud.-

Por Guillermo R. Gagliardi.-


Leemos la novela “El cuarto mandamiento” (Emecé, 1974) de Alicia Jurado.

Las ideas de la autora y su expresión siempre se manifiestan integradas, equilibradas, tersas en su escritura, de valores perennes.

En el primer capítulo del libro, se refiere a la misma joven de la modernidad, un personaje típico: su primitivismo, el ritmo obsesivo de la música (¡?) que la acompaña, la repetición.

La Dra. Jurado profundiza los efectos en los nervios, la sensibilidad, la mente humana.
Su pungencia en el análisis es admirable, nos recuerda las exégesis en el sentido de Herbert Marshal McLuhan (1911-1980), el comunicólogo canadiense, de considerable influencia en el tema de los “mass media” y sus efectos neurológicos:

“Una sombra arcaica iba oscureciendo la conciencia de las cosas: una sombra benéfica, enemiga de la lucidez, se iba teniendo desde la prehistoria”…

En la historia de la Cultura, el célebre autor de “La aldea global” distingue tres etapas: el mundo tribal, la época de Gutenberg y la Galaxia Electrónica. La primera es a la que se refiere Alicia en su clara prosa.

Conjuntamente con Claude Levi-Strauss (1908-2009) en su “La pensée sauvage” (1962) califica a esta etapa de la Civilización (¿) como un Eón pre-literario, analfabeto, de estructura mítica y ritual, oral-auditivo-mágico-emocional (“Lo crudo”, “Le cru et le cuit”, 1964, “Mythologique I-IV”).

Impresiona la descripción de esa orgía y supremacía dictatorial, absorbente, del sonido, en la novela:

“Una alegría de entregarse, mientras el propio yo se desintegraba para dejar que colmase su vacío ese batir de tambores milenarios”.

Irracionalidad, desintegración de la personalidad, esquizofrenia gradual.
Notable capacidad de síntesis:

“La música no llenaba el aire, sino la sangre, envenenándola”.

La característica de estas notas-disvalores: la “miseria estética”. Macluhanianamente subraya su “trivialidad” y su “tribalismo” (resucitados en “the Global Village”).

Dos mundos perfila en esta inicial y “arcaica” escena: el de la madre leyendo (mundo luminoso) y el de la joven hija deleitándose, animalmente, en estos ritmos (mundo de convulsión, de oscuridad).

Concentración de la persona exige la primera actividad; el segundo orbe, lo contrario.
Salud-Enfermedad, Día-Noche, Humanización-Deshumanización, Cultura-Contracultura, Paz Interior-Zozobra.
En definitiva el Bien opuesto, dicotómico, de

“una sola expresión siniestra del Mal”.

“destructora del alma, devoradoras del alma”.

Dibuja paradigmáticamente en págs. 13-16 de la novela citada, esta particular y aguda visión, recordando a William Blake (1757-1827) y sus magnos grabados poéticos.

Civilización/Barbarie. La Música Clásica como Personalizadora, enriquecedora del Hombre. La Música Popular moderna: superficial, nihilista, falsa plenitud, empobrecimiento del Espíritu, acrecentamiento de la Angustia, sopor de los sentidos, descerebración.

“Un atroz maleficio: el poder de aniquilar la esencia de la Humanidad; estupidización y envilecimiento”,

“no solo de ofender al espíritu sino de cubrirlo de pasajeras tinieblas”.

Despojamiento de la Infinitud y Sacralidad de la naturaleza de los seres humanos. .

Esta es la conclusión, contundente, de nuestra novelista-ensayista:

“Yo me pregunto para qué se habrán exprimido la inteligencia los mejores músicos de la humanidad: para qué habrán construido maravillas de nobleza y refinamiento”.

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